
Este texto trata sobre mi primera salida al extranjero (Gibraltar aparte), de las cosas que más me llamaron la atención y de las sensaciones que afloran lejos de casa cuando con 25 añitos pasas, por primera vez, más de cinco días sin ver a tu gente.
Todo empieza en el aeropuerto de Jerez. Nada especial hasta que echas la vista a atrás en el momento del embarque y no encuentras a nadie despidiéndote. En ese momento crees que no habrá una situación más triste en todo el viaje. Ilusiones de un novato en viajes largos.
El momento de entrar en el avión es ciertamente curioso, a medio camino entre, ¿qué hago yo en esta lata? y la histeria de no ver más que plástico por todas partes. Por descontado, mi primer viaje por aire. Si no habéis viajado con Ryanair nunca, no os esperéis un avión con el más mínimo detalle de confort. El interior de mi Daewoo Lanos me pareció, en comparación con mi situación en el avión, el BMW mejor equipado del mercado. Por lo demás, ni un solo incidente en el vuelo. Si os vale la pena sacrificar comodidad por precio en el vuelo, Ryanair es una buena opción. A las 21:00 ya estaba volando con dirección a Londres y a las 22:50 (hora local de Londres, una hora más en España) experimentaba mi primer aterrizaje. Estaba en Reino Unido.
De que algo ha cambiado con respecto a Jerez te
das cuenta en el momento de tener que coger un tren para llegar a la Terminal del aeropuerto. Unos diez minutos después, 600 metros de pasillos te separan del control de pasaportes. Cuando se creen que solo estás por allí de turismo, ya puedes ir a recoger tu equipaje. Entonces te preguntas qué pasaría si hubieran perdido a tu único acompañante de viaje… Cuando lo ves salir por la cinta transportadora suspiras aliviado, aunque al descubrirte abrazado a una simple maleta vuelves a preocuparte, no por la perdida del equipaje sino por la perdida de tu razón.
El panorama en la Terminal es cómico. Las tiendas, la mitad cerradas. Los carteles informativos, los entiendes solo en parte (qué hubiera sido de mí sin mi VOX!!!) Y el resto de la gente corriendo por hacerse con dos asientos para poder pegar un cabezazo por la noche. Finalmente conseguí hacerme con un banco aunque victima de mi desconfianza, preferí pasar la noche con Carlos Ruiz Zafón y su “Marina” antes que entregarme al sueño. Al fondo se veía un gran árbol de navidad con mucha gente a su cobijo, durmiendo a modo de regalos. Quizás soñaron con Papá Noel cargado de colchones. Continuará...
Todo empieza en el aeropuerto de Jerez. Nada especial hasta que echas la vista a atrás en el momento del embarque y no encuentras a nadie despidiéndote. En ese momento crees que no habrá una situación más triste en todo el viaje. Ilusiones de un novato en viajes largos.
El momento de entrar en el avión es ciertamente curioso, a medio camino entre, ¿qué hago yo en esta lata? y la histeria de no ver más que plástico por todas partes. Por descontado, mi primer viaje por aire. Si no habéis viajado con Ryanair nunca, no os esperéis un avión con el más mínimo detalle de confort. El interior de mi Daewoo Lanos me pareció, en comparación con mi situación en el avión, el BMW mejor equipado del mercado. Por lo demás, ni un solo incidente en el vuelo. Si os vale la pena sacrificar comodidad por precio en el vuelo, Ryanair es una buena opción. A las 21:00 ya estaba volando con dirección a Londres y a las 22:50 (hora local de Londres, una hora más en España) experimentaba mi primer aterrizaje. Estaba en Reino Unido.
De que algo ha cambiado con respecto a Jerez te
das cuenta en el momento de tener que coger un tren para llegar a la Terminal del aeropuerto. Unos diez minutos después, 600 metros de pasillos te separan del control de pasaportes. Cuando se creen que solo estás por allí de turismo, ya puedes ir a recoger tu equipaje. Entonces te preguntas qué pasaría si hubieran perdido a tu único acompañante de viaje… Cuando lo ves salir por la cinta transportadora suspiras aliviado, aunque al descubrirte abrazado a una simple maleta vuelves a preocuparte, no por la perdida del equipaje sino por la perdida de tu razón.El panorama en la Terminal es cómico. Las tiendas, la mitad cerradas. Los carteles informativos, los entiendes solo en parte (qué hubiera sido de mí sin mi VOX!!!) Y el resto de la gente corriendo por hacerse con dos asientos para poder pegar un cabezazo por la noche. Finalmente conseguí hacerme con un banco aunque victima de mi desconfianza, preferí pasar la noche con Carlos Ruiz Zafón y su “Marina” antes que entregarme al sueño. Al fondo se veía un gran árbol de navidad con mucha gente a su cobijo, durmiendo a modo de regalos. Quizás soñaron con Papá Noel cargado de colchones. Continuará...
Artículo realizado por Tendillo Kent.
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